Thursday, 3 July 2014

Ápices

Hace un par de meses, A.C. Wise escribió en su blog dos entradas sobre actitudes que solemos tomar como escritores: minimizamos nuestros logros y, a veces sin querer, nos saboteamos.

Me sentí totalmente identificada con la lectura y prometí aprender de mis logros tanto como de mis derrotas para no seguir cayendo en lo mismo... hasta hace algunas semanas cuando me informaron que The Apex Book of World SF 3 estaba a punto de salir.

Portada de The Apex Book of World SF 3

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Muchas veces pensamos que somos pésimos creadores porque un editor no publicó alguno de nuestros textos, porque no ganamos un concurso o porque no nos dieron una beca. Nos cuesta trabajo sobrellevar el rechazo y preferimos evitarlo incluso a costa de la creación misma: la única manera de no fracasar nunca es no escribir nada. Después viene el sabotaje y la masturbación mental. Hacemos en la cabeza el trabajo de otros: no enviamos colaboraciones a tal revista porque "nadie publicaría a alguien como yo", dejamos de participar en cierto concurso porque "de todos modos nunca gano nada", no pedimos la beca porque "siempre se la dan a los amigos del comité de selección".

Buscar excusas es más sencillo que escribir, reescribir, editar, reescribir de nuevo, aprender del rechazo y seguir intentando. El eterno retorno del mundo editorial.

Ocurre, por otro lado, que no nos parece gran cosa cuando logramos publicar en esa revista, ganar el concurso, obtener la beca o recibir una buena reseña. Imaginamos que seguramente el editor se equivocó, que cualquier tipo de reconocimiento se trata, seguramente, de un error. Aquí aparecen las comparaciones absurdas: que sí Fulana ha publicado más que tú, que sí Mengano tiene 500 premios Nebula en su sótano y tú sólo un PDF de tu publicación. Se nos olvida que los triunfos de otros no cancelan los nuestros.

De la misma manera que debemos aprender a vivir con los fracasamos hay que disfrutar (y festejar) cuando conseguimos algo. Como dice A.C. Wise, démonos permiso de fallar, pero también de triunfar. Ambas situaciones son parte de nosotros y de nuestras creaciones.

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En marzo de 2013 recibí un correo de Lavie Tidhar en el cual me dijo que le había gustado mucho uno de mis cuentos y que quería reimprimirlo en The Apex Book of World SF 3, la tercera de una serie de antologías curadas por él mismo en las que reúne textos de fantasía y ciencia ficción de escritores de todo el mundo. Me entusiasmé muchísimo porque compartiría una colección con escritoras parte de las antologías anteriores como Kaaron Warren, Aliette de Bodard, Nnedi Okorafor y Silvia Moreno-Garcia (quien es, por cierto, la traductora al inglés de mi cuento en cuestión). ¡Además un ganador del World Fantasy Award me había contactado para decirme que le gustó algo mío!

Sin embargo, sólo lo mencioné un par de veces en público por temor a convertirme en heraldo del spam. No me hubiera gustado vanagloriarme de algo que en realidad no tiene tanta importancia, ¿o sí la tiene? [Observen cómo minimizo mis logros]

Yo festejo haciendo el baile de la victoria de Jaimico[1]

Hace poco más de un mes recibí la noticia de la inminente publicación de la antología. No había tenido oportunidad de revisar el índice, de modo que fue una gratísima sorpresa descubrir que comparto un libro con Xia Jia, ganadora del premio más prestigioso de SF en China, Amal El-Mohtar, quien ha sido nominada al Nebula, y Benjanun Sriduangkaew, nominada al Campbell Award 2014.

Llevo, pues, semanas experimentando uno de esos episodios de sabotaje. ¿Qué estoy haciendo ahí? Seguramente el antologador se equivocó, los editores cometieron un error. Cuando salgan las reseñas mi cuento va a ser considerado como el peor del universo conocido o por conocerse, lo van a odiar, preferiría que mejor lo ignoraran, sí, que nadie lo lea...

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Apenas ayer, la antología salió oficialmente al mundo después de haber sido considerada por io9 como uno de los libros imprescindibles de fantasía y ciencia ficción para el mes de julio.

Sigo sin saber exactamente qué estoy haciendo ahí. De lo que sí estoy segura es de que escribir al respecto me ha ayudado a darme cuenta que, si bien éste no es un gran logro editorial, sí es un pequeño triunfo que me pertenece. Hoy no lo hago menos. Hoy hago el baile de la victoria.

Wednesday, 30 April 2014

20 gatos de Mahoma

Dicen que el profeta Mahoma quería tanto a los gatos (tenía en su casa y hasta los llevaba consigo a predicar) que les dio un lugar en el paraíso y les otorgó la habilidad de caer siempre de pie. Cuentan que alguna vez prefirió cortar la manga de su túnica a despertar a la gatita que ahí se había quedado dormida. Inspirada por esta historia escribí algunas microficciones en Twitter que, por un tiempo, se convirtieron en tema habitual de mi timeline.

Ha pasado bastante desde la última vez que escribí algo sobre los gatos de Mahoma, así que desenterré algunos textitos para que puedan leerlos reunidos en un solo sitio. Ésta será, espero, una de varias compilaciones *amenaza y espera sus comentarios*.



Del profeta

1
Mahoma se corta una manga para no despertar a su gato. Después la barba, una pierna, la cabeza.

2
Los gatos de Mahoma rodean al profeta durante la noche. Al amanecer buscaba dónde comenzar a mutilarse para poder ir al baño.

3
La arena del desierto es insuficiente para los gatos de Mahoma. El profeta vende reliquias para poder pagar aquélla con bicarbonato aromatizado.

4
Mahoma distingue el maullido especial de cada uno de sus gatos. La casa del profeta se convierte en una Babel peluda.

5
A veces los gatos de Mahoma no se recuestan sobre las mangas del profeta, prefieren los textos sagrados, la cabeza del creyente que es alérgico.



De los creyentes

6
Los creyentes se reúnen en grandes grupos. Abren, al unísono, decenas de empaques de yogur para invocar a los gatos de Mahoma.

7
Desde pequeños los creyentes aprenden a reconocer palabras inspiradas por los gatos de Mahoma: almohada, altar, aliméntame-esclavo-humano.

8
Los creyentes saben que los gatos de Mahoma tienen un maullido para designarlos. Suena muy parecido al que usan para decir "esclavo".

9
Los creyentes duermen imitando las extrañas contorsiones de los gatos de Mahoma. Entre ellos, el dolor de espalda es considerado una bendición.

10
Los creyentes sufren éxtasis. Ruedan sobre el piso. Se rascan la espalda en la alfombra nueva. Imitan a los gatos de Mahoma.

11
Los creyentes recolectan granos de arena tocados por las patas de los gatos de Mahoma. El suelo sagrado hace más precisos a los relojes.

12
Los creyentes saben la hora dependiendo del sitio donde descansan los gatos de Mahoma. Sacros y peludos relojes de sol, dicen.

13
Los creyentes recolectan pelo de los gatos de Mahoma para hacer pinceles. Pintados así, los cuadros sagrados son más agradables a la vista.

14
Los gatos de Mahoma tejen en silencio. Los creyentes saben que las cobijas de pelo curan el insomnio.

15
Los creyentes se inclinan cuando bolas de pelo de los gatos de Mahoma pasan girando en el desierto. Su eterno desplazamiento mueve al mundo.

16
Los creyentes saben que el número de pelillos que sueltan los gatos de Mahoma es infinito como el Universo. Todo acabaría si dejaran de pelechar.

17
Los creyentes temen mirar a los ojos de los gatos de Mahoma. Dicen que en sus alargadas pupilas puede verse el Universo entero.

18
Los gatos de Mahoma toman extrañas posiciones para dormir. Los creyentes estudian matemáticas complejas para comprender su perfección.

19
Los creyentes más sabios construyen un acelerador de partículas con madejas de pelo de los gatos de Mahoma. Desean encontrar a dios.

20
En primavera los creyentes tejen alfombras voladoras con el pelo de los gatos de Mahoma.


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Monday, 31 March 2014

También se aprende de los planes que no se cumplen


2013 fue el primer año en que decidí participar en NaNoWriMo. Fallé miserablemente con sólo un par de capítulos flojos escritos de la misma manera. Es mi primera novela y, si bien, eso no es una excusa para escribir poco y mal, la experiencia me ayudó a darme cuenta de algunas cosas:

  • Investigo más de lo que escribo (bueno, eso ya lo sabía).
  • Soy pantser por naturaleza, pero plotter por necesidad (parece que pasé más tiempo puliendo el boceto de la novela que intentando escribirla porque no estoy acostumbrada a trabajar sobre un plan).
  • Sigo intentando editar mientras escribo y eso me hace perder mucho tiempo. Debería confiar más en las revisiones cuando ya ha pasado algo de tiempo.
  • No es cierto que trabajo mejor bajo presión, aunque sí necesito límites y metas fijas para no divagar de más. Por eso me gustó el formato gamificado de NaNoWriMo.
  • A veces es bueno y gratificante salirse de la zona de confort. Amo escribir cuento y jugar con su estructura (de eso a que funcione...), pero la novela es una forma narrativa muy distinta que requiere técnicas diferentes y, creo, un estado mental distinto para su creación.
  • Quiero terminar esa novela. Dedos sangrarán*.

A pesar de mi rotundo fracaso en noviembre de 2013 decidí enrolarme en el Camp NaNoWriMo de abril, un evento similar al original pero más flexible tanto en géneros como en el número de palabras meta. Hay algunos cuentos que he querido escribir desde hace tiempo y esta es la oportunidad para presionarme y hacerme de una rutina de escritura diaria: 300-500 palabras al día no deberían ser difíciles, ¿verdad?


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* Durante el Camp NaNoWriMo de julio.

Sunday, 23 February 2014

El laboratorio de Rudisbroeck

La imagen que me había formado del laboratorio se veía disminuida, empobrecida por la realidad: un techo elevado, cónico, del cual pendía una gran lámpara eléctrica de potencia dudosa; un librero empotrado con algunos volúmenes; una especie de mesa de operaciones cubierta por una sábana blanca o una mortaja; suciedad y polvo; matraces rotos; un gran crisol; una chimenea enorme; retortas verdes; extraños tubos caracoleantes de vidrio; bobinas, alambres y botones en máquinas incomprensibles. Yo esperaba algo más. “¿Qué, por ejemplo?”, dijo una voz, extrañamente familiar.
-Emiliano González, "Rudisbroeck o los autómatas"

Penumbria, revista fantástica para leer en el ocaso, nació en abril de 2012 inspirada por la obra del gran Emiliano González. Tuve el honor de ser invitada para formar parte del número 0 con "Apnea", un textito de ciencia ficción que pueden leer aquí.

Un par de meses después Miguel Antonio Lupián Soto, el director general y editor de la revista, me dio la oportunidad de escribir una columna en el blog de Penumbria. Así, en junio de 2012 surgió la idea de "El laboratorio de Rudisbroeck", una serie de textos sobre la ciencia y tecnología de la ficción (y al revés). Pero fue hasta enero de 2013 que apareció la primera entrega (soy ese tipo de persona que odian todos los editores).

Imagen de William Heath, 1828

Ese primer texto definiría (o intentaría definir) la idea central de la columna: la aparentemente inusual amistad entre ciencia y arte. No hallé otra manera hacerlo mas que con una amistad verdadera: Nikola Tesla y Mark Twain, el científico y el escritor que, si bien distintos, se complementaban entre sí –como sus profesiones–.

Muchas veces he fallado con la publicación que debería ser mensual (ya he dicho que soy ese tipo de persona que odian los editores), pero no he perdido el deseo de ser constante y precisa (investigo más de lo que escribo). Supongo que lograr que alguien –uno solo– se interese en mi confusión cientificosa y quiera seguir leyendo hace que todo el esfuerzo haya valido la pena. Es una de esas pequeñas victorias.

Aún así me pregunto si ustedes, como el narrador de "Rudisbroeck o los autómatas", esperaban algo más de este laboratorio.
¿Qué, por ejemplo?



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Aquí pueden leer todas las entradas de El laboratorio de Rudisbroeck: http://www.penumbria.net/category/el-laboratorio-de-rudisbroeck/

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En otro tema:
#TeamSquid

She Walks in Shadows será la primera antología lovecraftiana en inglés escrita y editada únicamente por mujeres. Sería magnífico que contribuyeran con la campaña, ya sea monetariamente o difundiéndola, para que pueda hacerse realidad. Además, si todo sale bien, uno de mis textos formará parte del libro *guiño, guiño*.

Vean de qué se trata en: http://www.indiegogo.com/projects/she-walks-in-shadows pero apúrense porque la campaña cierra el 13 de marzo de 2014.


Saturday, 4 January 2014

Nunca es tarde para empezar

Quería inaugurar este blog explicando porqué, a pesar de no considerarme una persona bilingüe[1], había decidido comenzar a publicar en inglés y no en mi lengua materna, el español. Era 2011 y, entonces, yo ya tenía algunos textos en revistas universitarias y la antología de cuento brevísimo del Centro Toluqueño de Escritores que apareció en 2006, pero hasta que firmé mi primer contrato quise que esto de escribir fuera "más en serio" para mí. Hallé ese "más en serio" en las publicaciones extranjeras y se me fueron los años sin escribir aquí mis razones.

Muchas cosas cambiaron en tres años: lo poco que publiqué durante 2012 y 2013[2] fue casi enteramente en español a pesar de que no dejé de buscar oportunidades en el mercado de habla inglesa. Es difícil, eso sí, que te tomen en cuenta en cualquier idioma cuando no escribes ni envías colaboraciones (lo hice tan poco en los dos últimos años...) y no tiene mucho caso explicar cuando no se publica en ningún idioma.

Este año, espero, será diferente: tengo algunas publicaciones pendientes y un par de proyectos que me harán sangrar los dedos de tanto escribir[3], también les contaré en este blog mis razones por las que comencé (y seguiré) publicando en inglés. Sólo que primero necesitaba empezar, aunque tarde, así sin explicaciones ni excusas. Había que dar el primer paso para poder seguir andando.



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[1] Hasta el momento, todos los textos que he publicado en inglés han sido traducidos del español; agradezco infinitamente por ello a mi editora y traductora Silvia Moreno-Garcia. Sin embargo, estoy intentando escribir directamente en inglés y la primera minificción que he vendido a un editor en ese idioma será publicada pronto en la revista Goldfish Grimm.
[2] Formar parte de Penumbria me ha permitido experimentar y conocer a los nuevos escritores mexicanos de lo fantástico.
[3] Escribí en inglés sobre ello. Pueden leerlo aquí.