Monday, 31 March 2014

También se aprende de los planes que no se cumplen


2013 fue el primer año en que decidí participar en NaNoWriMo. Fallé miserablemente con sólo un par de capítulos flojos escritos de la misma manera. Es mi primera novela y, si bien, eso no es una excusa para escribir poco y mal, la experiencia me ayudó a darme cuenta de algunas cosas:

  • Investigo más de lo que escribo (bueno, eso ya lo sabía).
  • Soy pantser por naturaleza, pero plotter por necesidad (parece que pasé más tiempo puliendo el boceto de la novela que intentando escribirla porque no estoy acostumbrada a trabajar sobre un plan).
  • Sigo intentando editar mientras escribo y eso me hace perder mucho tiempo. Debería confiar más en las revisiones cuando ya ha pasado algo de tiempo.
  • No es cierto que trabajo mejor bajo presión, aunque sí necesito límites y metas fijas para no divagar de más. Por eso me gustó el formato gamificado de NaNoWriMo.
  • A veces es bueno y gratificante salirse de la zona de confort. Amo escribir cuento y jugar con su estructura (de eso a que funcione...), pero la novela es una forma narrativa muy distinta que requiere técnicas diferentes y, creo, un estado mental distinto para su creación.
  • Quiero terminar esa novela. Dedos sangrarán*.

A pesar de mi rotundo fracaso en noviembre de 2013 decidí enrolarme en el Camp NaNoWriMo de abril, un evento similar al original pero más flexible tanto en géneros como en el número de palabras meta. Hay algunos cuentos que he querido escribir desde hace tiempo y esta es la oportunidad para presionarme y hacerme de una rutina de escritura diaria: 300-500 palabras al día no deberían ser difíciles, ¿verdad?


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* Durante el Camp NaNoWriMo de julio.

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